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NOTA SOBRE LA CUESTIÓN PALESTINA


“Ve y róbate el último pedazo de mi tierra,

abandona mi cuerpo joven en mazmorras,

saquea mi herencia,

quema mis libros, (…).

No habrá tregua

y habré de pelear hasta el fin,

así apagues tus fuegos en mis ojos,

así me llenes de angustia,

así falsifiques mis monedas,

o cortes de raiz la sonrisa de mis hijos,

así levantes mil paredes,

y clavetees mis ojos humillados,

enemigo del hombre,

no habrá tregua

y habré de pelear hasta el fin”


(“Informe de una bancarrota”, del poeta palestino Samih Al-Qassem)




El modo de producción capitalista necesita acumular riqueza mediante las guerras, lo ha hecho desde siempre y más aún en sus momentos de crisis; por ello, es necesario entender los conflictos militares como momentos del desarrollo inherente del capitalismo para salir de su propia crisis. El enfrentamiento entre Hamás[1] y el Estado de Israel nos obliga a tomar postura contra la masacre de los trabajadores y sus familias en Palestina. Mientras terminamos de escribir este texto, estas son las cifras de las víctimas del genocidio israelí en Palestina: los heridos llegan a 25 000, los asesinados sobrepasan los 10 000, incluyendo más de 4 000 niños, lo que constituye una de las peores masacres de la historia moderna. Tras el ataque de Hamás se había asesinado a más de 1400 civiles israelíes, de los cuales 31 eran niños. Un tan sólo un mes, Israel ha asesinado a una cantidad similar a la de los civiles muertos en Ucrania desde el inicio, hace 21 meses, de la guerra con Rusia; el grado de intensidad de los asesinatos por Israel es 400 veces mayor.

Desde esta organización, expresamos nuestra consternación y rechazo a la violencia burguesa, imperialista y nacionalista desatada tanto por Hamás como, especialmente, por el Estado de Israel, responsable de una escalada de violencia radicalmente mayor. Dicha masacre, perpetrada mayoritariamente y con total impunidad hacia miembros de nuestra clase trabajadora, nos moviliza e impulsa a luchar por la abolición de este modo de producción, así como a plantearnos seriamente la toma del poder por el proletariado en cada nación a nivel mundial. También es necesario proponer vías inmediatas para el accionar del pueblo palestino en el contexto de la guerra, difundiendo la necesidad del repliegue con miras hacia una mayor organización y resistencia con apoyo internacional, pues se requiere posturas y acciones concretas para la sobrevivencia humana. Consecuentemente, también debe exponerse tareas esenciales como la organización y resistencia de los trabajadores en Israel y otros países del Medio Oriente para frenar la masacre que se está llevando a cabo hoy en Palestina. Por ello, presentamos en estas breves notas nuestra reflexión sobre el contexto de escalada militar interimperialista, la cuestión palestina y las acciones que le corresponden a los revolucionarios.


LA ESCALADA MILITAR A NIVEL MUNDIAL

Es elemental para un revolucionario no permanecer indiferente a los sucesos fundamentales de su época. Pero, aún más, es un deber comprenderlos para orientar su accionar en favor de la causa proletaria. Un evento trágico producto de las disputas interimperialistas a nivel mundial estalló el sábado 7 de octubre entre Israel y grupos armados de Palestina en el Medio Oriente. Mientras que el ministro de Defensa de Israel, Yoav Gallant, ordenaba “un asedio total sobre la Franja de Gaza”- afirmando que “no habrá electricidad, ni alimentos, ni gas (…), estamos luchando contra animales humanos y actuamos en consecuencia”- Hezbollah en el sur del Líbano comenzó a bombardear la frontera con Israel, que en los primeros días contaba con 13 muertos entre el fuego cruzado. Por otro lado, EE. UU. trasladaba 2 monumentales portaaviones al Mediterráneo oriental para apoyar a Israel, frente a lo cual el líder de los Hutíes señaló que si “Estados Unidos interviene en el conflicto de Gaza se va a responder tomando opciones militares, incluido el lanzamiento de drones y misiles”. E Irán, por medio de su ministro de Asuntos Exteriores, Hossein Amirabdollahian, aseguró en Beirut que de continuar los “crímenes de guerra” desataría un ataque del “resto de sus ejes” antiisraelíes compuesto por milicias sirias, palestinas, iraquíes y los Hezbollah, Hutíes, etc.

La escalada militar a nivel mundial sigue incrementándose cada año. El total del gasto militar mundial creció en un 0,7% en términos reales el 2021, llegando a 2113 miles de millones de dólares. El 2022 se incrementó en 3,7%, llegando a 2 240 miles de millones de dólares. Europa oriental ha incrementado su gasto militar en un 58%, seguido por el Este de Asia con un 4%. Si comparamos estos datos con los del 2013, obtenemos una suma de más del 19% de incremento militar. En miles de millones de dólares, el 2001 se gastaba 1 139 mientras que el 2022 se gasta 2 240, por lo que podemos hablar de casi una duplicación del gasto militar en miles de millones de dólares. Es evidente, en síntesis, el incremento armamentístico en un proceso creciente de escalada militar a nivel mundial.

Sin embargo, este gasto militar mundial se concentra en ciertos países imperialistas. En el 2021 los 5 países que hicieron más gastos militares fueron EE. UU., China, India, Reino Unido y Rusia, representando juntos el 62% del gasto mundial total. Por tanto, existe una evidente concentración de los gastos militares en un reducido grupo de países que tienen intereses por mantener un control geopolítico en regiones estratégicas con reservas energéticas, desarrollo tecnológico y fuerza de trabajo barata. Esto se hace indudable también con el avance en la firma de tratados y acuerdos para incrementar las bases militares norteamericanas en el Indopacífico, la reactivación de la OTAN, la intensidad de la guerra tecnológica, la renovación del AUKUS, las reuniones bilaterales entre Corea del Sur y Japón, etc. También resulta escandaloso el incremento de las importaciones militares de Australia en 23%, Corea del Sur en 61%, Filipinas en 64% y Japón en 171%. Mientras que, del otro lado, se ha fortalecido económica y políticamente el bloque ruso-chino, acercando países importantes en la geopolítica mundial como Arabia Saudita e Irán, expandiendo rutas estratégicas y fortaleciendo alianzas económicas y organizaciones claves como el BRICS. Además, días antes del estallido del conflicto en Palestina, Rusia había hecho pruebas del misil crucero Burevestnik y del misil balístico intercontinental Sarmat anunciando su producción masiva. Como diría una revolucionaria hace un siglo, antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, “hoy hasta el ciego ve que los incesantes armamentos y las insinuaciones imperialistas han conducido inevitablemente al resultado que el partido del proletariado consciente ha advertido enfática e incansablemente: al borde del precipicio de una terrible guerra [mundial]”.

Ante ello, podemos resaltar los conflictos más regionales entre Rusia y Ucrania (OTAN), los enfrentamientos bélicos en Siria, la invasión azerbaiyana en Nagorno Karabaj apoyada por Israel[2], los conflictos entre los kurdos y Turquía, y la escalada militar en Libia. Este es el escenario de crisis del capital, con inflaciones “pegajosas” (sticky prices) y prolongadas, incremento de la tasa de despidos en distintos ramos de producción, protestas de trabajadores en todo el mundo, recesiones económicas, contracciones industriales, golpes de Estado y un capitalismo que se agota más y más. El conflicto actual en el Medio Oriente, por ende, no puede desligarse de este escenario de crisis capitalista ni de los intereses imperialistas que se fraguan.

LA CUESTIÓN PALESTINA

Durante las primeras décadas de la ocupación israelí se fue mermando la economía palestina y se la tornó dependiente del sistema productivo israelí, proceso que fue coadyuvado por la destrucción gradual de sus fuerzas productivas, así como por su convenida y estratégica absorción. No obstante, el desarrollo industrial israelí crecerá a un ritmo más intenso posterior a la Segunda Guerra Mundial vía transferencia tecnológica de EE. UU. y de Alemania, especialmente en las áreas militares y biotecnológicas.

El constante sabotaje al pueblo palestino por parte de Israel ha imposibilitado que sus burguesías lleven adelante sus aspirados proyectos desarrollistas. En las décadas de los años 90 y 2000, las clases medias y altas ligadas a la pequeña industria, la banca, los profesionales liberales y otros sectores burgueses han realizado planeamientos desarrollistas para la integración económica y financiera bajo el formato de integración imperialista y vía asociaciones público-privadas de fomento a la inversión, no llegando a concretarlas en ningún sentido.

Así, incluso tras la consolidación de la Autoridad Nacional Palestina en 1994, la búsqueda por la implantación de una economía que tenga por base la inversión privada y la búsqueda de recursos internacionales como donaciones e inversiones para la construcción de un Estado de tipo burgués es saboteada por mecanismos económicos y políticos represivos por parte de la potencia invasora. Ello acerca a las burguesías palestinas al imperialismo interregional, confiadas en la protección de los Estados árabes petroleros. Dicha burguesía, al instrumentalizar las aspiraciones nacionalistas, 1) oculta las contradicciones de clase y 2) gestiona las relaciones económicas entre los palestinos árabes y el sionismo reaccionario para mantenerse en las esferas del poder.

En las últimas décadas, la mayor parte de la burguesía palestina, representante de sus capitales, pero no del pueblo que hoy se desangra, ha visto el proceso de reconstrucción y reorganización económica como forma de acumulación, procurando mantener relaciones bilaterales con la burguesía israelí sin combatir ni denunciar la invasión ocupante. Otra parte de ella ha expresado su apoyo financiero a diversos organismos nacionalistas procurando fortalecer su influencia política. Ambas partes de la burguesía adhirieron a los preceptos de la economía de libre mercado y a la integración financiera subordinada a las potencias regionales y a los imperialismos globales. También fueron los promotores de la corrupción y el privilegio en el control de la Autoridad Palestina para la gestión de las políticas de atracción de inversiones, asociaciones público-privadas, y donaciones internacionales. Asimismo, dichas burguesías intervinieron en las negociaciones comerciales con Israel protegiendo sus propios productos, movidos por sus intereses particulares, y no por los verdaderos intereses de cientos de minifundios familiares. Tal lógica se ha reproducido en las negociaciones financieras y en el endeudamiento de Palestina, cuyo ejemplo encontramos en la gestión estatal de Salam Fayyad. Los millonarios préstamos promovidos por las burguesías y el control fiscal poco regulado develan una vez más que también los capitalistas y empresarios de Palestina son verdugos de su propio pueblo.

A pesar de los intereses burgueses por beneficiarse de los recursos de la Autoridad Palestina, los planes aparentemente desarrollistas que pasaban por la creación de infraestructuras, puertos marítimos, aeropuertos civiles, la búsqueda por una mejor administración pública/privada, planes de seguridad local, etc., fueron constantemente entorpecidos por la intervención israelí, no habiendo mecanismos ni apoyo internacional para hacer frente a sus prácticas de ocupación y sojuzgamiento violentos. Resultado de ello, Israel controla todos los recursos estratégicos de Palestina, especialmente la electricidad, el agua y la tierra, haciendo que dicho pueblo no tenga control ni siquiera sobre su propia soberanía alimentaria. La supervivencia palestina por agricultura de secano, es decir, la que depende de la lluvia y no del riego controlado, ha sido una vía que posibilitó alimentar a su población en las últimas décadas a través de minifundios, pues Palestina tampoco cuenta con fuerzas productivas en el campo que le permitan ampliar su producción y su cartera de exportaciones que, dicho sea de paso, tienen por principal comprador y controlador a Israel.

El control de la tierra de los palestinos por parte de Israel supuso un arrinconamiento violento que fue imposibilitando su desarrollo económico y social medianamente autosostenido; resultado de ello, todo intento de control productivo y comercial por parte del Autoridad Nacional Palestina se fue subordinando directamente a los designios de Israel, quien solo en el año 2019 impulsó el cierre de 520 fábricas textiles y costureras, además de someter a un control casi total la energía eléctrica hasta la actualidad. Otro ejemplo de la búsqueda frustrada de Palestina por asegurar recursos estratégicos y del saboteo israelí la encontramos en la aspiración de que sus “reservas de gas [sean] la posibilidad de conseguir cierta independencia energética de Israel. Por este motivo, en 2015, la Autoridad Palestina compró los derechos de explotación de Marine, que poseía Royal Dutch Shell, a través del fondo soberano Palestine Investment Fund, pero Israel nunca autorizó su explotación”.

El pueblo palestino se encuentra desde hace muchos años en una situación de ocupación y sojuzgamiento que lo lleva a desplazarse a las regiones de Cisjordania y la Franja de Gaza, sujetos a bloqueos y otras penas. Tal desplazamiento es realizado de una manera extremadamente precaria debido al colonialismo y a la ocupación expansiva desarrollada por el Estado de Israel desde su creación en 1948. El desempleo y la pobreza son bastante graves en toda Cisjordania, pero son mucho peores en Gaza, donde la tasa de pobreza definida por el Banco Mundial fue del 56% en 2018. La pobreza en Gaza es casi seis veces mayor que la de Cisjordania. La tasa de pobreza en Gaza ha alcanzado el 80% durante el bloqueo israelí que dura más de una década. Además, casi el 80% de las viviendas en Gaza han sido destruidas y dañadas por los ataques israelíes, dejando a miles de familias sin hogar. Conjuntamente al prolongado bloqueo y las restricciones de Egipto, Gaza ha sufrido tres operaciones militares israelíes, en 2007, 2012 y 2014, que dañaron gravemente la infraestructura civil y causaron numerosas víctimas. Según el informe de la UNCTAD, al menos 3 793 palestinos murieron, unos 18 000 resultaron heridos y más de la mitad de la población de Gaza fue desplazada. Hoy casi la mitad de hospitales de Palestina ya no funcionan, y los que no han sido destruidos o atacados no cuentan con electricidad o agua. En Cisjordania se ha incrementado el ataque diario de colonos sionistas, pasando de 3 a 7 ataques diarios desde el 07 de octubre. Hoy ya cuentan con más de 140 muertos.

Puesto que gran parte de su territorio está cercado por Israel y es dominado en la práctica por Hamás, el pueblo de Gaza ha sido confinado al enclave de la Franja y sujeto a embargos terrestres, aéreos y marítimos como respuesta a los ataques de la organización islamista que –es importante señalarlo– fue financiada y apoyada en sus inicios por fuerzas militares de Israel y EE. UU. para desarticular a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Como revolucionarios no compartimos las tácticas ni las estrategias de Hamás que apuntan a establecer un Estado teocrático palestino, además de la negación de la lucha de clases, la violencia contra los mismos trabajadores y sus intereses regionales vinculados a Irán. En el Artículo 11 de su Carta Fundacional, Hamás señala que “La tierra de Palestina es un Waqf [posesión sagrada] islámico consagrado a las futuras generaciones musulmanas hasta el Día del Juicio. Nadie puede renunciar a ella ni abandonarla (…)”. Y en su Artículo 6 señala que “hace todo lo posible para izar la bandera de Alá en cada centímetro de Palestina” y en el Artículo 12 afirma que “el nacionalismo (…) forma parte del credo religioso”. Desde el 2007 hasta hoy Hamás ha ejecutado a casi 40 palestinos acusados de ser “colaboradores” de Israel y hay otras tantas decenas[3] de sentenciados a muerte también por las mismas razones.

Por otro lado, a consecuencia de los enfrentamientos entre Hamás e Israel, la entrada de mercancías a Gaza se ha reducido al mínimo, mientras que el comercio exterior y las exportaciones se han detenido. Mientras tanto, la población tiene un acceso muy limitado al agua potable y carece de un suministro regular de electricidad o incluso de un sistema de alcantarillado adecuado. Un 64% carece de alimento suficiente y el 45% no tiene empleo. Gaza cuenta con solo 375 km2 –que albergan a alrededor de 2 millones de palestinos, más de la mitad de ellos refugiados– y un PBI per cápita de 5 mil dólares.

En contrapartida, Israel tiene un territorio de 22 mil km2 y 9 millones de habitantes, armas nucleares de entre 90 a 300 ojivas y un PBI per cápita de 55 mil dólares. Israel ha movilizado a 360 mil reservistas haciendo un total de medio millón con los 150 mil de su ejército, mientras que Hamás se compone de entre 20 mil a 30 mil miembros. Este Estado cuenta desde sus inicios con el apoyo firme de EE.UU. a nivel político, financiero y armamentístico. Así, ha desarrollado tal poderío militar que en reiteradas ocasiones ha rechazado inclusive intervenciones de otros Estados y grupos militares árabes de la región.

No obstante, ya se han venido desarrollando movilizaciones de resistencia por parte de la clase trabajadora israelí frente a la concentración de poder que impulsó el gobierno de Netanyahu mediante reformas judiciales y también frente a los privilegios de los colonizadores y agrupaciones religiosas de extrema derecha que, entre otros beneficios, no están sujetos al servicio militar obligatorio y reciben millonarios subsidios del Estado.


LA POSICIÓN REVOLUCIONARIA

Entre las salidas que se han presentado históricamente sobre la cuestión palestina se pueden mencionar aquella basada en la Resolución 181 de la Asamblea General de las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947, que indicaba la existencia de los “Estados independientes árabe y judío” con sus límites territoriales, división de bienes, constituciones, ciudadanía, convenciones internacionales, obligaciones financieras, etc., reconocidas internacionalmente; y la propuesta por la Resolución 242 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de 1967, que señala la “inadmisibilidad de la adquisición de territorio por medio de la guerra y en la necesidad de trabajar por una paz justa y duradera, en la que todos los Estados de la zona puedan vivir con seguridad”, y “garantizar la inviolabilidad territorial e independencia política de todos los Estados de la zona, adoptando medidas que incluyan la creación de zonas desmilitarizadas”. Incluso se puede mencionar los acuerdos de Oslo que recalcan el retorno a la Resolución 242 y que los “palestinos deberían gobernarse a sí mismos de acuerdo con principios democráticos”. En esta postura candorosa, abstracta, pero sobre todo política, táctica e interesada, podemos encontrar variopintas personalidades como AMLO en México, Mohamed bin Salmán en Arabia Saudita, Erdogan en Turquía o Xi Jinping en China, Putin en Rusia y el mismo Biden en EE. UU., con todo su furgón de cola en Occidente.

También se coloca en el escenario la otra salida histórica que es más extrema y que se está llevando a cabo fácticamente en la realidad. Para los sionistas que articula en Israel Benjamín Netanyahu se trataría de crear un solo Estado que sea israelí, mientras que, para los musulmanes fundamentalista, sean chiitas o sunitas, no hay otra opción que crear solo un Estado palestino. Estas posturas son más realistas y tienen mayor apoyo popular como en el caso de Palestina, pero en la práctica el sionismo está realizando una expulsión y masacre de palestinos en su propio territorio, es decir, que en la realidad están creando un solo Estado israelí donde los palestinos sean completamente despojados de sus tierras y se dispersen en países vecinos, una diáspora tal cual tuvieron los judíos hace siglos.

En nuestro caso, no podemos apostar por las mismas salidas burguesas hasta aquí expuestas, porque ambas son una ilusión. I) La primera, que es la salida diplomática, la dividimos en 4 posturas. Una de tinte más 1) moral-humanitario la defiende un sector de naciones dependientes como Brasil[4], que no cuentan con el poder económico ni político para extender sus intereses. Lula, quien encabeza esta lista, ha señalado que su “papel es intentar crear las condiciones para que nos sentemos en una mesa de negociación (…) es preciso que Israel se quede con el territorio que es suyo (...) y que los palestinos tengan derecho a sus tierras (…) estoy cansado de hacer llamadas telefónicas, pero continuaré porque es necesario”. 2) Una segunda postura se articula por la sumisión a las posiciones de países imperialistas como es el caso de Perú, Ecuador, Paraguay, El Salvador, etc. Estas terminan emulando tal cual lo que EE. UU. defiende. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Ecuador ha señalado que la solución debe realizarse “sobre la base de la existencia de dos Estados, Palestina e Israel, dentro de las fronteras reconocidas en 1967”.

Por otro lado, está la postura 3) estratégica-regional que toma Turquía, Egipto, Arabia Saudita, etc. Turquía ha propuesto “garantes de paz” para asegurar un alto al fuego y, similar a los conflictos anteriores que iniciaron el 2010 con el accidente de Mavi Marmara, ha usado la diplomacia y las presiones de suspensiones de actividades económicas bilaterales. En suma, el conflicto central de esta posición es la seguridad de sus fronteras, lidiar con la gran “población” musulmana dentro de sus naciones y el embate al bando contrario en sus enfrentamientos tradicionales.

Finalmente, está la postura 4) estratégica-imperialista con EE. UU., la OTAN, China y Rusia. Además de ser su principal vendedor de armas, EE. UU. se ha caracterizado por su histórico interés de control militar y energético en la zona en conflicto por medio de Israel. China, por su parte, no solo es el mayor socio comercial de los países árabes, teniendo cientos de tratados comerciales con estos, sino que lo es principalmente de Irán y del resto de países de Medio Oriente. En cuanto a Rusia, no solo tuvo participación militar en Siria, sino también es parte de la OPEP+, y tiene importantes relaciones económicas con los países árabes. En ese sentido, si bien EE. UU. anda difundiendo la creación de 2 Estados, en realidad en su resolución del Consejo de Seguridad de la ONU señaló “el derecho inherente de todos los Estados a la legítima defensa individual y colectiva”, lo que significaría prácticamente darle carta blanca a Israel, que tiene el poder militar para desaparecer la Franja de Gaza. EE. UU. tampoco pidió un “alto al fuego humanitario”. Teniendo en cuenta las elecciones cercanas en Taiwán en enero del 2024, a EE. UU., que viene haciendo una faena constante para articular una faja militar contra China, le conviene oxigenar los conflictos en Medio Oriente evitando una mayor escalada para centrar sus fuerzas en el Indopacífico. Entonces, se mueve en ese doble racero de llamar a la paz, mientras avala y apoya el avance militar de Israel buscando que no se extienda a mayor escala.

EE. UU. defiende a Israel en la práctica con el apoyo cómplice del tradicional bloque occidental europeo porque comparten intereses geopolíticos en el original territorio palestino; muestra de ello son las negociaciones de estas tres partes en torno al control del gas de Gaza y de las reservas energéticas del mar palestino. Ya el ministro de Energía israelí Yisrael Katz llevó adelante las negociaciones en torno a la concesión de 12 licencias que autorizan la exploración de gas en las costas de Gaza. En estos contratos están implicadas grandes empresas europeas como la Eni de Italia y la BP del Reino Unido. El Estado israelí tiene como prioridad consolidar sus exportaciones energéticas al continente europeo para frenar la dependencia que Europa tiene de Rusia.

Por otro lado, los conflictos históricos en el Golfo Pérsico entre Arabia Saudita e Irán son fundamentales para comprender este proceso. EE. UU. es el mayor exportador de armamento del mundo y Arabia Saudita es su principal comprador, debido al conflicto regional con Irán, el conflicto entre sunitas y chiitas dentro del mundo musulmán. Desde que China intervino diplomáticamente para reconciliar a Arabia Saudita con Irán, estos conflictos se encaminaban a reducirse, por lo que EE. UU., quien venía gestando por años un acercamiento entre Arabia Saudita e Israel –el cual implicaba un tratado de paz y su reconocimiento como Estado–, ha buscado acelerar el acercamiento diplomático. De haberse concretado las pretensiones de EE. UU, los grupos guerrilleros financiados por Irán se verían amenazados no solo por el Estado de Israel, sino ahora por Arabia Saudita nuevamente. Así, minaría toda actuación militar de Irán y sus ramificaciones contra Israel. Por efecto del conflicto actual, Arabia Saudita ha declarado el 13 de octubre que rompe la diplomacia con Israel. Esto beneficia a China y Rusia, además de Irán.

Del mismo modo, el año pasado hubo un acercamiento entre Turquía y EE. UU. que terminó con el apoyo a la votación para la entrada de Finlandia a la OTAN, lo que ha significado un debilitamiento geopolítico de Rusia. De igual forma, se realizó un acercamiento entre Erdogan y Netanyahu el 20 de septiembre en Nueva York en la Asamblea de la ONU, por lo que el primer ministro turco mencionó que se realizarían “perforaciones conjuntas en el Mediterráneo oriental y que los ministros de energía de ambos países se reunirían en noviembre y analizarían proyectos conjuntos”. Con la masacre que está realizando Israel todo proyecto se ha esfumado.

Otro punto importante en este conflicto es el corredor económico India – Oriente Medio – Europa que había impulsado EE. UU. en la última reunión del G20. Este corredor, que planteaba una vía terrestre por medio de ferrocarriles y también vías marítimas, tenía como un punto de su ruta a Arabia Saudita. Joe Biden lo describió como un “gran negocio” de “inversión revolucionaria”. Este proyecto, que habría de ser directamente la competencia a la millonaria Ruta de la Seda de China y un centro de gravedad económico para encandilar políticamente a la India y Arabia Saudita, se presenta más lejano que nunca ahora que el conflicto ha estallado. En ese sentido es que se han sacado beneficios concretos del atentando del 7 de octubre y ahora resulta conveniente apagar el fuego con la solución de los 2 Estados para avanzar con su acumulación de capital en Medio Oriente; sin embargo, de haberse tenido “2 Estado delimitados y sin conflictos” previamente, no hubiera podido lograrse tantos réditos para ambos bloques. En este sentido, el reconocimiento de las naciones también depende de las relaciones y correlaciones de fuerza entre las potencias imperialistas.

Del mismo modo, las últimas estadísticas sobre el tema de los 2 Estados muestran que ni en Palestina ni en Israel hay apoyo para que ello se pueda desarrollar. En Gaza, solamente el 35% cree que puede lograrse una coexistencia pacífica entre Israel y Palestina. Es más, 67% de los palestinos se opone a crear dos Estados y el 53% está a favor de la lucha armada[5]. Ni la posición de la ONU ni los acuerdos de Oslo han estado cerca de cumplir el tema de la “autodeterminación” palestina. Una encuesta a los palestinos muestra que el 71% considera un error firmar el Acuerdo de Oslo. Además, existen hoy en día 137 países que reconocen a Palestina como Estado independiente, incluso en la ONU desde el 29 noviembre del 2012 se la reconoce como “Estado observador no-miembro”, incluida la UNESCO como “Estado miembro” desde el 2011. A esta misma ONU le están matando sus integrantes en Gaza, además de que el embajador en la ONU por Israel Gilad Erdan le dijo al Secretario General de la ONU António Guterres que dimita. No nos engañemos, el problema no se va a solucionar con cambios jurídicos, reconocimientos diplomáticos, sino con poder fáctico, poder real, de las fuerzas que accionan en el territorio. La legitimidad de la ONU está tan por los suelos que nadie hace caso al llamado al “cese de hostilidades” que se aprobó en una de sus asambleas generales el 27 de octubre.

En ese sentido, la razón de que no se haya efectivizado la teoría de los 2 Estados no obedece a un tema de voluntad, sino de intereses económicos y políticos en la región. EE. UU. y los organismos internacionales han permanecido exaltando el bienestar de la población civil palestina, levantando la bandera de los 2 Estados, pero en la práctica son los principales adalides de la violencia en Medio Oriente. Son 76 años de negociación entre lobos y corderos mediante esta nefasta institucionalidad burguesa que solo hace primar los intereses de los países imperialistas a costa de la vida de miles de seres humanos.

II) La segunda salida de un solo Estado, sea israelí o palestino, es más probable en el escenario actual; no obstante, solo beneficiaría a Israel, que, al tener uno de los ejércitos más avanzados del mundo, armamento nuclear y apoyo de EE. UU., terminaría asesinando árabes y destruyendo sus hogares en Gaza y Cisjordania. 1) La primera postura es crear un Estado teocrático sionista sometiendo a la población o desarrollando un éxodo palestino y esto se desarrollaría ganando la “guerra” actual. 2) La segunda es crear un Estado palestino realizando lo mismo con los judíos o, al menos, subyugándolos a la religión musulmana. El grueso de países árabes y musulmanes, teniendo a Irán como cabeza, además de otras instituciones y personalidades, apoyan esta solución como la única posible. Además, de acuerdo a esta postura, se podría aceptar momentáneamente un reconocimiento del territorio por vía de la ONU, pero entienden que no se debe perder de vista el objetivo central de que todo ese territorio es palestino y que no se debe reconocer a Israel como Estado. Para los que defienden esta posibilidad, la vía para concretarla sería el apoyo a Hamás por creerla una guerrilla “popular” que reivindica los intereses de la sociedad palestina. Hay también una tendencia a exaltar el avance militar de Hamás. El ayatola Ali Jamenei ha señalado que “Israel será destruido en días sin la ayuda de Estados Unidos”. Sin embargo, ¿qué les espera a los palestinos si ocurriera una victoria de Hamás?

Es importante señalar 1) que la acción de Hamás ha generado cientos de trabajadores muertos en Israel, a la vez que se ha convertido en la razón perfecta para el avance de una masacre en Palestina. ¿A quién está beneficiando el ataque de Hamás? ¿Al pueblo de Palestina? No, uno de los principales beneficiarios es Netanyahu, quien ha logrado salir del acorralamiento político de las protestas que antecedieron el ataque, así como Irán, al alejar a Israel de Arabia Saudita. En ningún sentido son beneficiarios lo miles de cadáveres que Hamás sabía que acarrearía su ataque. ¿O es que acaso desconocía las implicancias de su accionar para el ya golpeado pueblo palestino? 2) El proceso del conflicto hoy tiene como principal víctima no a los miembros de Hamás, sino a la sociedad civil palestina, sobre todo a los miembros de la clase trabajadora. Ya son más de 10 000 muertos y 25 000 heridos, resultado trágico de sus acciones bélicas. 3) El avance militar de Israel y su enfrentamiento con Hamás es absolutamente asimétrico, por lo que plantear una vía de enfrentamiento hoy, a pesar de las noticias sensacionalista del lado árabe, solo lleva a una brutal carnicería de la sociedad palestina, principalmente de los pobres. 4) De obtener la “victoria militar” Hamás, cosa que es imposible en las condiciones actuales, crearía un Estado teocrático a su imagen y semejanza, donde los trabajadores serían explotados y se consolidaría una “burguesía nacional” y extranjera como en años pasados. El pueblo sería sometido a encarcelamientos y torturas como lo ha venido haciendo Hamás en la Franja de Gaza. Su visión religiosa del mundo parte de un desprecio por la vida humana y su acción militar se expresa en ese sentido, no solo contra los judíos, sino contra los palestinos que ahora sufren el genocidio. O, de adaptarse una forma de gobierno similar a la iraní con base en los ayatolas, sería igual o más cruento para los trabajadores. En Irán, en las protestas del año pasado, por ejemplo, solo entre septiembre del 2022 y enero del 2023 se estimaban 516 manifestantes muertos, incluyendo a 70 niños (muchos asesinados en horcas y frente al público), y más de 19 200 personas arrestadas.

Finalmente, en esta vía hay una 3) tercera postura que considera que se puede crear un solo Estado entre judíos y árabes que sea democrático, “un Estado democrático único en toda la Palestina histórica como la mejor solución al conflicto”. Esta postura fue defendida tempranamente por la OLP y actualmente adoptada por la One Democratic State Campaign que defiende 10 puntos en el programa político de su Manifiesto del 2018. El punto fundamental que articula su postura reivindica lo siguiente: “se establecerá Estado democrático entre el mar Mediterráneo y el río Jordán perteneciente a todos sus ciudadanos, incluidos los refugiados palestinos. Todos los ciudadanos disfrutarán de iguales derechos, libertad y seguridad. El Estado será una democracia constitucional, la autoridad para gobernar y dictar leyes emanando de la voluntad del pueblo. Todos sus ciudadanos disfrutarán de iguales derechos para votar, nominar candidatos para cualquier cargo y participar en la gobernanza del país”. Esta postura minoritaria se basa en una abstracción de los derechos burgueses sin plantearse las viabilidades del contexto fáctico existente, como si tuviéramos una barita mágica y pudiéramos hacer realidad lo que se nos viene a la cabeza.

III) Hay una tercera vía que es la resistencia, la lucha de los trabajadores y la unidad para derrotar al imperialismo. Algunas organizaciones comunistas y otras de izquierda han señalado que la única vía es transformar la guerra imperialista en guerra de clases para crear un Estado obrero y, al fin, el socialismo. Este proceso, lejos de consolidar las naciones, como en las anteriores opciones, debería romper con toda nación y toda frontera. Para los que adhieren a esta vía, solo se podría desarrollar con la organización armada de los trabajadores. La salida en la tónica de las dos anteriores vías presentadas solo sería un engaño para los palestinos. Esa última afirmación es cierta; sin embargo, en los pronunciamientos de estas organizaciones casi no se brindan vías inmediatas, sino un objetivo más a largo plazo. Pero ¿qué alternativa brindan en lo inmediato, ahora que los cadáveres asolan las calles bombardeadas, ahora que el pueblo se desangra en medio de la total impunidad imperialista de todos los bandos?

IV) Nuestra posición, diferente a las tres anteriores, es clara: a favor de los trabajadores y en contra de los imperialismos estadounidense-israelí y chino-ruso-iraní. Debido a ello, es fundamental en lo inmediato protestar contra el avance de Israel, el sionismo y la escalada militar imperialista nivel mundial. Condenamos la situación a la que está sometida la sociedad palestina que vive ya casi 80 años entre las cachiporras de la diplomacia y las dagas del poderío militar sionista-norteamericano, el círculo vicioso de los intereses capitalistas. Por ende, también planteamos que hay una necesidad histórica de la unidad de la clase trabajadora para romper con el enfrentamiento entre árabes y judíos, entre musulmanes y sionistas, y sobre todo con la expansión miserable de una burguesía que produce armamento, otra que la usa para sus proyectos políticos y otra más que disfruta de las ganancias energéticas de la región.

El proletariado en palestina es muy débil, al igual que sus organizaciones, por lo que la solidaridad de clase es esencial, principalmente de parte de las organizaciones de los trabajadores en Israel, Egipto, Siria, Jordania y Líbano. El apoyo solidario que puedan tener con el pueblo que se desangra en Palestina será fundamental para debilitar a Israel. Las protestas que puedan sostener los trabajadores al interior de Israel también permitirán debilitarlo. Antes de los últimos ataques, ya se habían desatado protestas continuas por la reforma judicial en la que organizaciones de trabajadores como sindicatos médicos, de aeropuerto e industrias cumplieron un papel importante en el bloqueo de carreteras y cierra de fábricas. Incluso el Estado de Israel ha dado muestras de no preocuparse por su propia población, pues impuso bombardeos indiscriminados que no sólo afectaron a los grupos armados palestinos sino a los civiles dentro de su país. El Estado sionista de Israel es el mayor peligro para los propios israelíes. También cabe agregar la afectación que esta guerra produce a los trabajadores traídos de otras partes del mundo primero para explotar su fuerza de trabajo y luego para utilizados como carne de cañón, es sabido la política sionista de recibir tailandeses en su país con fines de explotarlos en el sector de la agricultura; actualmente, más de 30 000 residen en Israel, 30 de los cuales murieron en el primer ataque de Hamas. Solo la clase trabajadora organizada podrá luchar y alcanzar la verdadera emancipación de los pueblos del mundo.

La solidaridad proletaria internacional también se ha evidenciado en la organización de protestas frente a las embajadas de Israel en distintos países, así como en la lucha en las calles. Los trabajadores deben desarrollar formas de sabotear la circulación de mercancías bélicas orientadas al genocidio palestino, así como impulsar campañas internacionales de apoyo a su pueblo. Además, cabe preguntarse quiénes envían las armas y desde dónde. Las principales fábricas que envían armas a Israel provienen de EE. UU., tales como Lockheed Martin, Raytheon Technologies y Northrop Grumman –quienes han incrementado sus ganancias a ritmos históricos desde el inicio de la guerra: el primero de ellos ha aumentado su cotización en el mercado de valores en un 10%, el segundo en un 5,9%, y el tercero ha incrementado su rentabilidad en un 15,5% en solo ocho días–, y son financiadas por fondos de inversión, entre los cuales se encuentran BlackRock, Vanguard, State Street, Fidelity, Blackstone, etc. También en este sentido, la claridad de los trabajadores se hace notar en su capacidad de parar la producción y circulación de material bélico, tal es el caso de los trabajadores belgas que bloquearon el aeropuerto de Lieja, uno de los más importantes en el ámbito del transporte de carga pesada. “Mientras un genocidio está en curso en Palestina, los trabajadores de los diferentes aeropuertos de Bélgica ven armas partir hacia zonas de guerra. La carga y descarga de esas armas contribuye a equipar a organizaciones para matar a inocentes. Nosotros, los diferentes sindicatos activos en el sector del aprovisionamiento en pista, pedimos a nuestros afiliados que no asuman vuelos que lleven material militar hacia Palestina o Israel”. De ahí que sea fundamental el impulso de la solidaridad de clase de trabajadores en todo el mundo. De igual forma se ha sumado el proletariado estibador de la OEPB de Barcelona, médicos en Argentina y EE. UU o los más de 1000 trabajadores del sector tecnológico de Amazon, etc. Este primer atisbo debe de redoblarse principalmente en los sectores estratégicos: combustible y armas.

Lo que planteamos de forma inmediata –aunado indefectiblemente a la solidaridad fronteriza e internacional de clase y la lucha en el mismo Israel– es el repliegue táctico del pueblo palestino. Este repliegue no se reduce a la movilización espacial, sino a la táctica de huida del enemigo. Ahora que el avance militar terrestre en Gaza se ha hecho realidad, contraponemos a la táctica del enfrentamiento directo la táctica del repliegue. Esta no expresa en ningún sentido la pasividad, sino la acción para hacer posible la conservación inmediata de las vidas teniendo en cuenta las condiciones deplorables, las adversidades dentro de semejante campo de concentración y la política genocida de Israel que está lejos de aceptar alguna “tregua humanitaria”. Cientos de miles se han tenido que trasladar al sur por su propia supervivencia, a las zonas menos afectadas, lo que en la práctica es replegarse por la conservación de sus vidas. Por eso se menciona la importancia del apoyo fronterizo, el sabotaje y la acción solidaria para viabilizar ese repliegue táctico. Las salidas por Rafah, Kerem Shalom y Erez se han aperturado semanas atrás, en el caso de Egipto para ingresar camiones con algunos medios de subsistencia y trasladar heridos graves y palestinos con doble nacionalidad. Las otras solo lo han hecho para introducir miles de trabajadores nuevamente a Gaza. Esas zonas podrían quebrarse con el apoyo de la clase trabajadora en Israel. Organizaciones como Histadrut que cuenta con más de 800 000 trabajadores afiliados y otras que antes habían bloqueado el puerto Haifa, Ashdod y el aeropuerto internacional Ben Gurion deberían apoyar ahora que se desarrolla una masacre en sus narices. Tampoco es posible el repliegue sin el apoyo internacional, sin la acción de los trabajadores que ya se viene realizando en distintos países como Bélgica, España, EE. UU, etc. Pero la acción central es la del proletariado israelí que ha estado protestando antes y después del 7 de octubre. Además, el 20% de la población israelí es árabe y son sectores de trabajadores importantes, aunque unos 20 mil han sido retornados a gaza.

Una resistencia armada, como ciertos sectores sugieren, con un nivel de asimetría tan inmenso lo único que generaría es una brutal carnicería. Creer que Hamás derrotará al ejército israelí y apoyarlo se muestra como una vía pirómana e inconsecuente que recae sobre las vidas del pueblo palestino, no de los youtubers ni de los pretendidos reformadores del mundo que desde sus cómodos escritorios plantean un enfrentamiento tan desnivelado. Frente a ese nivel militar, el repliegue táctico es la opción más cercana para su supervivencia. No hablamos aquí de las 24 horas que da Israel a los palestinos, en ningún sentido; esa es solo una táctica del genocidio que vienen cometiendo. El repliegue es una medida de supervivencia, de huir directamente del enemigo. Es la única opción posible para salvaguardar de la mejor forma posible la vida del pueblo palestino. No es que veamos esta acción como excelsa, sino que se presenta en este brutal contexto de matanza como la más conveniente entre las peores vías que ya mostramos.

Viabilizar esto debe ser la prioridad inmediata y solo será posible con el apoyo de las protestas en los países contiguos, principalmente en Egipto, Siria y Jordania. El repliegue puede garantizar la mayor cantidad de vidas de trabajadores que podrán organizarse para impulsar un cambio en medio de esta oleada de protestas a nivel mundial producto de la crisis del capitalismo, de la cual estas luchas interimperialistas son solo capítulos. ¿Si no queda piedra sobre piedra, si no quedan vidas en Palestina, quiénes podrían generar una transformación social? Asimismo, la táctica inmediata que promovemos es la del repliegue y búsqueda de refugio por parte de los palestinos, habiendo evaluado que la resistencia, en el momento actual, solo traerá una mayor masacre dado que resulta de una vinculación con Hamás, organización que de ninguna manera busca el bienestar de los trabajadores de la Franja de Gaza. Para esto, es necesario que este repliegue del pueblo tenga también un impulso fundamental en la autoorganización de los trabajadores.

Pero el proceso no debe limitarse a ser un repliegue, sino ser una vía de resistencia, salvaguardo y nueva acumulación de fuerzas, para lo cual deben desarrollarse formas económicas de autosustento y de apoyo internacional, así como el desarrollo de órganos de difusión y propaganda proletaria que viabilice la comunicación entre la clase trabajadora. El repliegue debe ser un paso atrás para dar dos adelante. Este cambio futuro no consistirá en apoyar la diplomacia, ni a organizaciones que tienen proyectos radicalmente distintos a los intereses inmediatos del pueblo palestino que solo busca salir del círculo vicioso inhibidor y mortal en el que se encuentra. Este segundo momento debe consistir en avanzar con una organización de defensa autónoma de trabajadores que luchen por sus propios intereses. Si bien, el terreno de la resistencia es absolutamente complejo y demandante, un apoyo a guerrillas ajenas a los verdaderos intereses populares solo llevaría a que los trabajadores sean carne de cañón de los intereses económicos y políticos externos. Así como las jornadas de lucha en la Primavera Árabe del 2011 y 2012 producto del incremento de los precios del combustible, despidos, incumplimiento en los pagos salariales, reducción de la calidad de vida y el golpe de la crisis financiera, pero ahora la lucha proletaria debe avanzar en dirección a la toma del poder en el territorio en que se encuentren.


¡¡¡Abajo el genocidio del pueblo palestino!!!

¡¡¡Abajo las pretensiones sionistas colonizadoras del Estado de Israel!!!

¡¡¡Viva la solidaridad de clase con el pueblo palestinos!!!


[1] Es necesario advertir que no sólo Hamás ha realizado un despliegue armado del 7 de octubre, también participaron brigadas pertenecientes a tradicionales grupos de izquierda nacionalistas maoístas o ligados a la OLP como la BRN de la FDLP y la BAAM de la FPLP; sin embargo, se trata de participaciones tangenciales, no solo por su reducido número, sino porque en sus pocos comunicados la mayoría manifestó su apoyo, pero no su participación.

[2] Entre 2016 y 2020, Israel suministró a Azerbaiyán casi el 70% de su arsenal militar. Mientras que el embajador de Armenia en Israel, Arman Akopian señaló que “es una gran preocupación que las armas israelís hayan estado disparando contra nuestro pueblo”.

[3] De acuerdo con la organización de derechos humanos israelí B’Tselem.

[4] De esta lista, Brasil es quien más podría tener intereses directos en el alto al fuego, para seguir desarrollando la economía de China en la región. , Bolivia, Chile, Colombia, etc.

[5] Estas encuestas fueron realizadas por el Palestinian Center for Policy and Survey Research, dirigido por el politólogo palestino Khalil Shikaki y financiado por la Fundación Ford y la Unión Europea.



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